miércoles, 25 de junio de 2008


Escultor vocacional de pensamiento cristiano.

Sin duda debió influir en mí el hecho de haber pasado mi niñez junto al taller de carpintería de mi abuelo, Hilario el Manco. Sin yo quererlo siquiera los conceptos de trazado y el manejo de las herramientas iban adentrándose como "educación" en mi mente inquieta.

También influyó el hecho de ser monaguillo en la Parroquia de Hoyos. Esto me permitió escudriñar la riqueza artística -desde el románico al barroco- de forma empírica, de tal forma que la contemplación directa me llevaba a conclusiones que, ya siendo adulto, posteriormente "cuadraban dentro del espíritu artístico.

Sin embargo pronto aparecieron las dificultades: Mi impericia y la falta de habilidad en unas manos pequeñas más hechas para la oficina que para el taller.
Una oportunidad de entrar en la plantilla de una entidad financiera, hizo que mis necesidades económicas quedaran cubiertas hasta el día de la fecha, razón por la cual jamás hube de considerar "profesión" a la escultura, que pasa de afición a pasión según dispongo de algún medio económico para desarrollarla.

Siempre me acompañó la necesidad de desarrollar habilidades artísticas: Música, pintura, literatura, pensamiento... cargado de falta de habilidades y de técnica, que por otro lado, hasta hoy, jamás quise adquirir; tenía que dar lo que tenía.

Paralelamente fui desarrollando un cierto sentido de observación muy personal que me ayuda en lo que pretendo hacer.

Siempre he dicho que en la creatividad lo que llamamos "economía de medios" es el mejor regalo que uno puede recibir. Siempre he hecho mis esculturas con los materiales más dispares -algunas veces disparatados- Madera, asta de cuernos, alabastro, pasta acrílica, malla metálica, botellas de plástico.... Sin duda fue un "trabajo" de la mente importante, pues a veces mi falta de habilidad me obligaba a utilizar materiales más fáciles de someter para conseguir una escultura.

En una evolución lógica, al llegar a los treinta y cinco años, me hago la pregunta ¿Qué quiero hacer en escultura?. No se hacer una cabeza, un torso, unos ojos...
Conclusión: Voy a hacer lo que me de la gana, y empiezo a trabajar con madera de castaño esculpiendo de forma burda, pero creando huecos -el misterio de la escultura- y luego someto la figura al calor de un soplete de fontanero; la madera va ´"desnudándose de su traje grosero y aparecen superficies de una gran pureza ¡este es el camino!.
Dos años después cae en mis manos un libro sobre la vida y obra de Henry Moore que trato de estudiar. Su lectura y estudio confirman que el camino emprendido es el correcto, al menos en lo que yo busco.

Han sido después Oteiza, Brancusi, Venancio Blanco, Alonso Berruguete... los que han ido abriéndome puertas hacia el mundo universal de la escultura.
¿Qué busco? el desarrollo de mi espíritu interior para ser "vertido" a los demás.
Llegado a este punto de "maduración" en lo que entendemos como creatividad se me hace necesario verterlo desde cualquier punto de vista. Puedo hacer una escultura con materiales de desecho y abandonarla en el andén de la estación del tren. ¡Qué frescura en la niña que te pregunta si ésa escultura se la puede llevar! luego te lo aclara: "voy a ponerla en mi habitación para colgar mi ropita...." Por estas cosas no he querido entrar en el mercado del arte, mi obra necesita la crítica en el acto...



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